A veces comía en un restaurante de la calle Houston donde podía conseguir caviar blanco y platos extraños y exóticos que no se servían en ninguna otra parte, mientras el dueño, que había venido a América desde Rumanía, tocaba el címbalo, acompañado por un viejo y patético ciego.
Encontró aquí abajo un nuevo criterio de valoración de esta gente que, aunque no fuera por otra razón que la de haber conocido, al igual que los de su propia raza, una amarga persecución, le atraía con su colorido, su romanticismo y sus emociones afines.
- A menudo sentía rechazo por la generación más joven, bulliciosa, ruidosa y agresiva, siempre preocupada por las ganancias y las pérdidas.
Pero la generación anterior, las mujeres de ojos serenos y pelucas pesadas, los hombres de barbas magníficas y rasgos extraordinariamente bien formados, le atraían más que casi cualquier otro tipo que hubiera visto jamás.