inminente separación. Se aferró a Mimi, prodigándole pequeñas muestras de afecto que le desgarraban el corazón de dolor. Con los ojos llenos de lágrimas, salió corriendo del lugar como si estuviera apestado para tomar el tren a Nueva York. Había escrito a su tía Sofía contándole sus planes y había recibido una carta, breve, pero cálida y sincera. Su tía había aprobado sus planes y la instaba a ir a Nueva York a vivir con ella mientras resolvía sus problemas. Mimi había aceptado con gratitud, contenta por el refugio al que podía acudir.
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XIV
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