Como intimidados por el fenómeno de la transformación, viejo pero siempre nuevo, todos los sonidos se apagaban; una manta envolvente de quietud atrapaba y retenía a todas las cosas, animadas e inanimadas, en su blando abrazo.
Durante horas Mimi se sentó a contemplar la plaza, muchas horas después de que Jimmie bajara penosamente las escaleras y desapareciera en la distancia mientras se abría paso entre la nieve hacia el metro. ¿Por qué —se preguntaba, y al plantearse la cuestión la elevaba ante un poder superior, más sabio y clarividente, más allá de los confines de su propia mente y espíritu—, por qué me fue dado este espíritu inquieto, esta incesante incapacidad para contentarme con lo que la vida me ha deparado? ¿Por qué no puedo ser como otras mujeres, capaces de conformarse con lo que venga, negándose a dejar que los diminutos ratones de la búsqueda de lo inalcanzable roan mi inquieto corazón? Pensaba en las ocasiones en que podría haber evitado todo este buscar, buscar, buscar mediante la aceptación serena e indiscutible de la vida tal como la había encontrado, cediendo en principios e ideales que entraban en conflicto con los modos, las costumbres y las normas aceptadas del mundo tal como lo hallaba. Podría haberse casado con Carl. Podría haber cedido al matrimonio, o al mantenimiento sin matrimonio cuando otros hombres se lo habían ofrecido—la aceptación de cualquiera de entre varios hombres a quienes no amaba y jamás habría amado, pero que le habrían brindado desahogo, comodidad y la libertad de las preocupaciones financieras. Podría haber regalado o abandonado a Petit Jean y haber borrado para siempre el recuerdo de su llegada al mundo. En su lugar, ahí estaba, deseándolo, añorándolo con una pasión mayor que la que jamás antes había sentido por él.
Jimmie había querido hijos —le había rogado que le diera un hijo varón, preferiblemente, pero si no un varón, una hija—. Hubo un tiempo en que a ella le habría gustado darle lo que pedía. Pero no había tenido el valor de decirle que la concesión de su deseo no dependía de