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XVII

ricamente tallado. O un fragmento de filigrana de oro o plata, de ámbar y lapislázuli procedente de una tiendecita sombría del Ponte Vecchio. O una peineta milagrosamente esculpida para el peinado de mi señora. > En esplendor solitario reposaba⁠—su grandeza ni un ápice menor que la concedida a un collar de perlas incomparables en uno de los templos consagrados a las joyas en la Avenida

Y cuando la visitante hubo expuesto sus deseos, era conducida, si su necesidad era de vestidos, trajes sastre o sombreros, por la sinuosa escalinata de mármol hasta el teatro en miniatura del piso superior.

Le ayudaba en el ascenso la balaustrada de metal revestida de terciopelo de muselina.

El sentido de Madame Francine sobre lo apropiado y lo imponente llegó a su punto máximo en la estancia a la que entró en lo alto de estas escaleras.

Aquí las alfombras eran grises, y la carpintería, las paredes y los cortinajes se fundían discretamente con los colores del salón de exposiciones de abajo.

Sobre una chimenea de mármol a la izquierda se erguía con solemne dignidad un reloj de maravillosa factura, tan bellamente hecho que uno sentía casi una profanación que midiera cosas sin importancia como los minutos y las horas.

A cada lado de este se encontraba un candelabro de brillante latón delicadamente tallado, cuyo brillo hacía juego con el armazón de la larga mesa de con tablero de mármol sobre la que descansaban cuadernos de bocetos de diseños y modelos.

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