Pero, aunque no quería admitirlo, sin embargo era cierto, y en ello residía la razón por la que tanto él como ella buscaban cada vez menos la vieja camaradería que tanto había significado para ambos.
Jean, sin embargo, vio con clara perspectiva los cambios que se estaban obrando en Mimi. Su nueva actitud hacia la raza le afligía, aunque comprendía plenamente las razones de dicho cambio. Sabía que una obsesión racial ciega frenaría materialmente su desarrollo y deploraba su rápido crecimiento. Sabía que la discusión y el ataque directo servirían de poco: el rostro de Mimi en aquella noche memorable y terrible le había revelado el amargo tormento del alma que se gestaba en su interior. Tampoco habría argumentado en contra de su sentimiento de odio hacia los blancos con los que entraba en contacto con poca frecuencia, de haber creído que algo bueno resultaría de ello.
En su lugar, procuraba contrarrestarlo mediante observaciones cuidadosamente casuales sobre el auténtico valor de este o aquel hombre, o colocando en manos de Mimi, o en lugares donde con seguridad daría con ellos, artículos, periódicos, libros que llenaran su mente de belleza y verdad. Una vez fue una excelente traducción de los cuentos de Balzac. Otra vez fue The Way of All Flesh. O una novela de Thomas Hardy, aunque se guardó de darle Tess —eso, sentía, era demasiado—, bueno, un poco demasiado avanzada para los tiernos años de Mimi. Él no sabía que, antes de marchar de Nueva Orleans, Mimi había pasado muchas horas encerrada en su propia habitación devorando a escondidas (casi literalmente, tanto se acercaba la nariz a las páginas) la tragedia de Tess. Tampoco sabía que ella había leído cada uno de los volúmenes encuadernados en marroquín de Maupassant que él con tanto esmero había colocado en el estante más alto. Ahora Mimi leía (o releía) los volúmenes que él le daba, escuchaba sus largas charlas y respondía a las preguntas que, en los momentos más inverosímiles, él le hacía sobre sus lecturas, pues sabía que le habría causado dolor no haberlo hecho.