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V. Mimi y Carl

Era consciente de que aquello era un compromiso ineficaz con sus principios, pero era feliz en ese compromiso puesto que le brindaba una mayor tranquilidad mental.

Con tales excepciones, su suerte no era muy difícil. En los comercios a la señora Daquin no se le permitía probarse sombreros, zapatos o vestidos antes de comprarlos, y con frecuencia se veían obligados a esperar hasta que atendieran a los blancos que habían entrado después que ellos. Pero con el tiempo se acostumbraron a estos desprecios, sobre todo al comprobar que, salvo raras excepciones, sus amigos los aceptaban como algo previsible, desagradable pero inevitable. «Uno puede acostumbrarse a que lo ahorquen con tal de que lo ahorquen las veces suficientes», parecía ser la filosofía corriente, salvo en el caso de los más jóvenes.

Además de sus vidas ordinarias de trabajo y diversión, encontraban una vía de escape adicional en diversos actos en las facultades situadas en Atlanta. * Había veladas musicales ocasionales, y de vez en cuando algún conferenciante notable venía a dar charlas. * Había partidos de béisbol y fútbol americano entre los equipos de las escuelas locales y algunos con equipos de instituciones ubicadas en otras ciudades. En los periódicos locales leían sobre acontecimientos que ocurrían en el mundo exterior, algunos de los cuales despertaban largos comentarios e interés, y otros menos. La victoria de Japón sobre Rusia fue recibida con alegría general, ya que la nación de hombres más bajos era apoyada con entusiasmo en gran parte por tratarse de una nación de color. > «Teddy» Roosevelt era aclamado como un gran amigo del negro a pesar del incidente de Brownsville, aunque para Jean gran parte de su popularidad entre la gente de color en Atlanta se debía al hecho

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