CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 134 de 439
Table of Contents

XII

mis amigos; no servía para nada que no fuera un galope bajo la lluvia. Todas mis agobiantes y depresivas emociones de la mañana se habían fundido ahora en una salvaje excitación del cuerpo y de la mente. Cuando trajeron al caballo, vi con deleite que el caballerizo apenas podía contenerlo. «Téngalo bien sujeto, señor —dijo el hombre—, no ha salido en tres días». Estaba justo de humor para la clase de paseo que la advertencia me prometía.

¡Y qué viaje fue aquel, cuando por fin salí de Londres; y el despejarse por la tarde la atmósfera brumosa mostró ante mí el camino real, liso y desierto! ¡El cruzar a toda carrera la lluvia que aún caía; la sensación de la zancada larga, potente y regular del caballo bajo mí; la emoción de esa sintonía física que se establece entre el hombre y el bruto; el pasar zumbando junto a carros y carretas, saludado por los ladridos frenéticos de los perros en su interior; el volar junto a las tabernas de la carretera, con los vítores de los muchachos

134