Aunque a menudo nos ausentemos por un tiempo, siempre consideraremos Lanreath Cottage como nuestro hogar. Los años de retiro que pasé en la mansión tras mi recuperación no han despertado en mí el menor anhelo de regresar al mundanal ajetreo. Ralph —ahora la cabeza de nuestra familia; ahora espoleado por sus nuevas obligaciones a tomar conciencia de su nueva posición—, Ralph, emancipado ya de muchos de los hábitos que en otro tiempo lo tiranizaron y degradaron, me ha escrito instándome a aprovechar al máximo los recursos que su posición le permite ofrecerme, si decido adentrarme en la vida pública. Mas no tengo tal propósito; sigo resuelto a vivir en la oscuridad, en el retiro, en la paz. He sufrido demasiado; he sido herido con demasiada tristeza para alinearme con los héroes de la ambición y abrirme paso a codazos desde la base. La gloria y el brillo que en otro tiempo ansié contemplar como míos me deslumbrarían y destruirían hoy. Sacudidas como las que he padecido dejan tras de sí algo que metamorfosea el carácter y el propósito de una existencia. El sendero agreste de la acción ya no es camino para mí; mi esperanza futura se detiene junto a mi dicha presente en el sombrío valle del Sosiego. > > No un sosiego exento de deberes y estéril para el bien; no un sosiego que el pensamiento no pueda ennoblecer y el afecto santificar. Servir a la causa de los pobres y de los ignorantes en el pequeño círculo que ahora me rodea; allanar el camino al placer y a la abundancia allí donde el dolor y la miseria lo han vuelto demasiado escarpado; vivir cada día más digno del amor fraternal que, infatigable e inalterable, vela por mí en este último refugio, este queridísimo hogar: tales son
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Carta III
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