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Diario

Es posible. Puede ser que su terrible conexión con todos mis sufrimientos del pasado haga que le conceda crédito con demasiada facilidad al poder destructor que se arroga para el futuro. O puede ser que toda resolución de resistirlo esté paralizada en mí, no tanto por el miedo a su aparición, como por la incertidumbre del momento en que esta tendrá lugar; no tanto por sus propias amenazas, como por la demora en su ejecución. Aun así, aunque puedo calibrar justamente el valor de estas consideraciones, no ejercen sobre mí ninguna influencia duradera de tranquilidad. Recuerdo lo que este hombre ha hecho; y, a pesar de todo razonamiento, creo en lo que me ha dicho que todavía hará. Por loco que pueda ser, no tengo esperanza de defenderme o escapar de él en ninguna dirección, mire hacia donde mire.

A no ser por la ocupación que el relato anterior le ha dado a mi espíritu; a no ser por el alivio que mi corazón puede extraer de sus pensamientos sobre Clara, habría sucumbido bajo el tormento de incertidumbre y sospecha en el que ahora transcurre mi vida.

¡Mi hermana! Aun en esta ausencia voluntaria de su lado, todavía he hallado un medio de vincularme remotamente con algo que ella ama. He tomado, como el nombre supuesto bajo el cual vivo, y seguiré viviendo hasta que mi padre me devuelva su confianza y su afecto, el nombre de una pequeña finca que una vez perteneció a mi madre y que ahora pertenece a su hija.

Hasta los más desdichados tienen su capricho, su último capricho favorito. No poseo ningún recuerdo de Clara, ni siquiera una carta. El nombre que he tomado del lugar del que ella siempre fue más amante y orgullosa es para mí lo que un mechón de cabello, un anillo, cualquier pequeño recuerdo entrañable, es para otros más felices que yo.

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