y por eso, señor, me parece muy malo y deshonesto de mi parte (después de haberlos ayudado a reunirse en un principio, como lo hice), entregarle cartas extrañas, a sus espaldas. Podrían ser malas cartas. Estoy segura de que no quisiera decir nada irrespetuoso, o que no correspondiera a mi puesto; pero—
–Vamos, Susan; háblame con la misma libertad y sinceridad de siempre.
—Bien, señor, la señorita Margaret ha cambiado muchísimo desde aquella noche en que llegó sola y nos dio tanta Tarea. Se encierra en su habitación y no le habla a nadie excepto a mi amo; parece no importarle nada de lo que pasa; y a veces me mira de tal manera, mientras la atiendo, que casi me da miedo estar en la misma habitación con ella. Jamás le he oído mencionar su nombre ni una sola vez, señor; y temo que haya algo en su conciencia que no deba estar ahí. Es un hombre muy andrajoso el que deja las cartas; ¿sería tan amable de mirar esta y decirme si le parece correcto que yo la suba?