seña significativa con la cabeza. Evidentemente, deseaba que me uniera a Margaret en la fiesta; pero ¿por qué? ¿Qué significaba su comportamiento?
Era inútil indagar. El prolongado sufrimiento físico y la debilidad no habían hecho más que producir, de manera por demás evidente, una flaqueza correspondiente en su intelecto.
¿Qué debía hacer? Estaba decidido a ver a Margaret esa noche; pero esperar por ella entre dos y tres horas, en compañía de su padre y su madre en North Villa, era un suplicio imposible de soportar.
Decidí ir a la fiesta. Nadie allí sabría nada de mí. Serían todos personas que vivían en un mundo diferente al mío; y cuyas maneras y costumbres tal vez me resultara entretenido estudiar. En cualquier caso, pasaría una hora o dos con Margaret, y podría hacerme cargo personalmente de verla regresar a casa sana y salva.
Sin más vacilación, por lo tanto, tomé el sobre con la dirección escrita y di las buenas noches al señor y a la señora Sherwin.