al regazo de su hogar. > > Ella sigue sumida en un estado muy nervioso e infeliz; teme que usted esté demasiado dispuesto a dar crédito a las apariencias, pero yo la conozco mejor. Su explicación le bastará a usted, como me bastó a mí. Podremos tener nuestras pequeñas diferencias en asuntos menores, pero estoy seguro de que ambos albergamos la misma confianza varonil: usted en su esposa, y yo en mi hija. > > Me pasé por la mansión de su digno padre, con el fin de entablar con usted una conversación más pormenorizada de lo que aquí puedo ofrecerle, la mañana después de que ocurriera este suceso tan desastroso para todas las partes; y entonces se me informó de su grave enfermedad, por la cual le ruego que acepte mis más sinceras condolencias. Lo siguiente que pensé hacer fue escribir a su respetado padre para solicitarle una entrevista privada. Pero, sopesándolo con más madurez, me pareció quizás un tanto imprudente dar tal paso mientras usted, como principal parte afectada, se hallaba enfermo en cama y sin poder dar la cara para respaldarme. Estaba ansioso, comprobará usted, por velar tanto por sus intereses como por los de mi querida niña —sabiendo por supuesto, al mismo tiempo, que poseía el certificado de matrimonio en mi poder, por si fuese necesario como prueba, y en caso de que me viese empujado a los extremos y obligado a seguir mi propio camino en el asunto. Mas, como ya dije antes, tengo una confianza paternal y amistosa en que usted se siente tan convencido de la inmaculada inocencia de mi criatura como yo mismo. De modo que no escribiré más sobre este particular. > > Habiendo decidido, como
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