que me prometiste; no has tenido paciencia. ¡Oh, señor!, si alguna vez he merecido bondad de ti, ¡sé bueno con él por amor a mí! ¡Basil! ¡Habla, Basil! Pídele perdón de rodillas. Padre, le prometí que sería perdonado si te lo pedía. ¿Ni una palabra?; ¿ni una palabra de ninguno de los dos? ¡Basil! ¡Aún no te vas, ni te vas a ir del todo! Recuerde, señor, cuán bueno y bondadoso ha sido siempre conmigo. Mi pobre madre (tengo que hablar de ella), el hijo predilecto de mi pobre madre, ¡me lo ha dicho usted mismo!; ¡y él ha sido siempre mi hermano favorito; creo que porque mi madre lo amaba tanto! ¡Su primera falta también!, ¡su primera pena! ¿Y por esto le dirá que nuestro hogar ya no es su hogar? ¡Castígueme a mí, señor! Yo he obrado mal como él; cuando oí sus voces tan fuertes, escuché en la biblioteca. ¡Se va! ¡No, no, no!, ¡todavía no!
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III
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