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VII

Acababa de recibir la asignación de mi paga de bolsillo trimestral y había ido a la ciudad a cobrar el cheque al banco de mi padre.

Pagado el dinero, dudé por un momento sobre cómo debía regresar a casa. Primero pensé en ir a pie; luego, en tomar un taxi. Mientras consideraba este frívolo asunto, pasó a mi lado un ómnibus que iba hacia el oeste. En el impulso ocioso del momento, lo saludé y subí.

Era algo más que un simple impulso, sin embargo. Si en aquel momento no poseía ninguna otra cualidad para la carrera literaria en la que estaba ingresando, ciertamente tenía esta: una aptitud para descubrir los rasgos de carácter en los demás; y su resultado natural, un deleite inagotable en estudiar caracteres de toda índole, dondequiera que pudiera encontrarlos.

I had often before ridden in omnibuses to amuse myself by observing the passengers.

An omnibus has always appeared to me, to be a perambulatory exhibition-room of the eccentricities of human nature.

I know not any other sphere in which persons of all classes and all temperaments are so oddly collected together, and so immediately contrasted and confronted with each other.

To watch merely the different methods of getting into the vehicle, and taking their seats, adopted by different people, is to study no incomplete commentary on the infinitesimal varieties of human character⁠—as various even as the varieties of the human face.

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