incierta. Dudo de la seguridad, tanto por usted como por mí, de seguir dejándola en la casa de su padre a la espera de mi curación. Venga, por lo tanto, a verme aquí mañana, a la hora que pueda escabullirse sin ser vista. La dejarán entrar como visitante y la conducirán a mi cabecera si pregunta por el señor Turner, el nombre que he dado a las autoridades del hospital. Mediante la ayuda de un amigo fuera de estos muros, he dispuesto un alojamiento en el que podrá vivir sin ser descubierta hasta que me den de alta y pueda reunirme con usted. Puede venir aquí dos veces por semana, si lo desea, y le convendría hacerlo para acostumbrarse a la vista de mis lesiones. Le dije en mi primera carta cómo y dónde se las habían infligido; cuando las vea con sus propios ojos, estará mejor preparada para escuchar cuáles son mis propósitos futuros y cómo puede usted contribuir
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VI. El Encuentro
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