El policía lo trasladó al hospital vecino, donde se descubrió que aún seguía con vida, y de inmediato se le brindaron las atenciones más diligentes. Tenemos entendido que el cirujano de guardia considera absolutamente imposible que se haya lesionado de tal modo, a menos que haya sido violentamente arrojado de bruces, ya sea por un carruaje conducido a velocidad furiosa, o por un salvaje ataque perpetrado por una o varias personas desconocidas. En este último caso, el móvil no pudo ser el robo; pues el reloj, el monedero y el anillo del desdichado hombre fueron hallados entre sus pertenencias. No se descubrieron tarjetas con su dirección ni cartas de ningún tipo en sus bolsillos, y su ropa blanca y su pañuelo solo llevaban bordada la letra M. Vestía traje de etiqueta, enteramente de negro. Tras lo ya dicho acerca de las lesiones en su rostro, resulta por el momento desgraciadamente imposible ofrecer una descripción personal que permita reconocerlo. Esperamos con gran ansiedad obtener mayor claridad sobre este misterioso asunto una vez que el sufriente recupere el conocimiento. Los últimos pormenores que nuestro reportero pudo recabar en el hospital fueron que el cirujano esperaba salvarle la vida al paciente y la visión de uno de sus ojos. Se entiende que la del otro se ha perdido por completo.
Con sensaciones de horror que no pude entonces, y no puedo ahora, analizar, pasé al periódico del día siguiente; pero no hallé en él ninguna