La emanación debe considerarse un gas inestable que se descompone en un tipo de materia no volátil, estando acompañada la desintegración por la expulsión de átomos pesados de materia (partículas ) proyectados a gran velocidad. A esta velocidad de descomposición no le afecta la temperatura en el considerable intervalo que se ha examinado.
Tras un intervalo de un mes, el volumen de la emanación se ha reducido a una pequeña parte de su valor inicial. Pero la propiedad más llamativa de la emanación, que, como veremos más adelante (capítulo XII), es una consecuencia directa de su radiactividad, es la enorme cantidad de energía emitida por esta.
La emanación, al descomponerse a través de sus etapas sucesivas, emite cerca de 3 millones de veces más energía que la liberada por la explosión de un volumen igual de hidrógeno y oxígeno, mezclados en las proporciones adecuadas para formar agua; y, sin embargo, en esta última reacción química se emite más calor que en cualquier otro cambio químico conocido.
Hemos visto que las dos emanaciones y los productos Ur X, Th X pierden su actividad con el tiempo de acuerdo con una ley exponencial simple, y a un ritmo que es independiente —hasta donde alcanzan las observaciones— de los agentes químicos y físicos de que disponemos. El tiempo necesario para que cada uno de estos productos reduzca su valor a la mitad es, por tanto, una constante física bien definida que sirve para distinguirlo de todos los demás productos.
Por otra parte, la variación de la actividad excitada producida por estas emanaciones ni siquiera obedece aproximadamente a dicha ley. La velocidad de desintegración depende no solo del tiempo de exposición a las emanaciones respectivas, sino también, en el caso del radio, del tipo de radiación que se utiliza como medio de medición comparativa.
Se demostrará, en los capítulos siguientes, que la complejidad de la desintegración se debe al hecho de que la materia en los depósitos activos experimenta varias transformaciones sucesivas, y que las peculiaridades de las curvas de desintegración, obtenidas en diferentes condiciones, pueden explicarse por completo bajo la suposición de que ocurren dos cambios en el depósito activo tanto del torio como del actinio y seis en el depósito activo del radio.
195. Nomenclatura. La nomenclatura que debe aplicarse a los numerosos productos radiactivos es una cuestión de gran importancia y también de considerable dificultad. Dado que existen al menos siete sustancias distintas producidas a partir del radio, y probablemente cinco a partir del torio y del actinio, no es aconsejable ni conveniente dar a cada una un nombre especial como el que se aplica a los elementos principales. Al mismo tiempo, es cada vez más necesario que cada producto sea etiquetado de tal manera que indique su lugar en la sucesión de cambios. Esta dificultad se siente especialmente al debatir los numerosos cambios en los depósitos activos procedentes de las diferentes emanaciones. Muchos de los nombres asignados a los productos se dieron en el momento de su descubrimiento, antes de que se comprendiera su posición en el esquema de cambios. De este modo, los nombres Ur X, Th X se aplicaron a los residuos activos obtenidos mediante tratamiento químico del uranio y del torio. Dado que, con toda probabilidad, estas sustancias son los primeros productos de los dos elementos, puede ser aconsejable conservar estos nombres, que ciertamente tienen la ventaja de la brevedad. El nombre «emanación» se dio originalmente al gas radiactivo procedente del torio, y desde entonces se ha aplicado a los productos gaseosos similares del radio y del actinio.