así que la energía total emitida por 1 gramo de radio durante sus cambios es aproximadamente un millón de veces mayor que en cualquier cambio molecular conocido. Que la materia sea capaz, en condiciones especiales, de emitir una cantidad enorme de energía, queda bien ejemplificado por el caso de la emanación del radio. Los cálculos de la cantidad de esta energía ya se han dado en la sección 249.
Puesto que los demás elementos radiactivos solo se diferencian del radio en la lentitud de su cambio, la emisión total de calor del uranio y del torio debe ser de un orden de magnitud igualmente elevado.
Existen, por tanto, razones para creer que hay una reserva enorme de energía latente residente en los átomos de los elementos radiactivos. Esta reserva de energía no se habría podido reconocer si los átomos no hubiesen estado experimentando un lento proceso de desintegración.
La energía emitida en los cambios radiactivos proviene de la energía interna de los átomos. La emisión de esta energía no desobedece la ley de la conservación de la energía, pues solo es necesario suponer que, cuando los cambios radiactivos han cesado, la energía acumulada en los átomos de los productos finales es menor que la de los átomos originales de los elementos radiactivos.
La diferencia entre la energía que poseía originalmente la materia que ha sufrido el cambio y los productos inactivos finales que surgen es una medida de la cantidad total de energía liberada.
Parece haber sobradas razones para suponer que la energía atómica de todos los elementos es de un orden de magnitud igualmente elevado.
Con excepción de sus elevados pesos atómicos, los elementos radiactivos no poseen ninguna característica química especial que los diferencie de los elementos inactivos.
La existencia de una reserva latente de energía en los átomos es una consecuencia necesaria de la concepción moderna, desarrollada por J. J. Thomson, Larmor y Lorentz, de considerar al átomo como una estructura complicada que consta de partes cargadas en rápido movimiento oscilatorio o en órbita unas respecto de otras.
La energía puede ser en parte cinética y en parte potencial, pero la mera concentración de las partículas cargadas, que probablemente constituyen el átomo, implica en sí misma una gran reserva de energía en el átomo, en comparación con la cual la energía emitida durante los cambios del radio es insignificante.
La existencia de esta reserva de energía latente no se manifiesta ordinariamente, ya que los átomos no pueden descomponerse en formas más simples mediante los agentes físicos o químicos de que disponemos.
Su existencia explica de inmediato la incapacidad de la química para transformar los átomos, y también da cuenta de que la velocidad de cambio de los procesos radiactivos sea independiente de todos los agentes externos. Hasta ahora no ha sido posible alterar de ningún modo la velocidad de emisión de energía de los radioelementos.
Si alguna vez llegara a ser posible controlar a voluntad la velocidad de desintegración de los radioelementos, se podría obtener una cantidad enorme de energía a partir de una pequeña cantidad de materia.