Así que Jim se puso a trabajar y me contó todo el asunto de cabo a rabo, tal como pasó, solo que le echó bastante crema a sus tacos.
Luego dijo que tenía que empezar a «’terpretarlo», porque se lo habían mandado como una advertencia.
Dijo que el primer banco de arena representaba a un hombre que intentaría hacernos algún bien, pero la corriente era otro hombre que nos apartaría de él. Los alaridos eran advertencias que nos llegarían de vez en cuando, y si no nos esforzábamos mucho por lograr entenderlos, simplemente nos llevarían a la mala suerte, en vez de alejarnos de ella.
El montón de bancos de arena eran los problemas en los que nos íbamos a meter con gente pendenciera y todo tipo de mala gente, pero si cuidábamos nuestros asuntos y no contestábamos ni los agraviábamos, saldríamos adelante y saldríamos de la niebla para entrar al gran río despejado, que eran los Estados libres, y no volveríamos a tener ningún problema.
Se había nublado bastante justo después de que subí a la balsa, pero ahora volvía a despejarse.
—Vaya, pues todo eso está bastante bien interpretado hasta cierto punto, Jim —digo yo—; ¿pero qué significan