Al rato los hombres dejaron de corretear por ahí y de dar gritos. Empezaron a cabalgar hacia la tienda; entonces se levanta uno de los muchachos, apunta con pulso firme por encima de la pila de leña y hace caer a uno de ellos de la silla.
Todos los hombres saltaron de sus caballos, agarraron al herido y empezaron a llevarlo a la tienda; y en ese preciso instante los dos muchachos echaron a correr. Llegaron a mitad de camino del árbol en el que estaba antes de que los hombres se dieran cuenta.
Entonces los hombres los vieron, montaron en sus caballos y salieron tras ellos. Les fueron recortando distancia a los muchachos, pero no sirvió de nada, los muchachos llevaban demasiada ventaja; llegaron al montón de leña que había frente a mi árbol, se escabulleron detrás y así volvieron a llevarles la delantera a los hombres.
Uno de los muchachos era Buck, y el otro era un joven delgado de unos diecinueve años.
Los hombres anduvieron alborotando un rato y luego se fueron. En cuanto desaparecieron de vista, llamé a gritos a Buck y se lo conté. Al principio no sabía qué pensar al oír mi voz salir del árbol. Se quedó verdaderamente sorprendido. Me dijo que estuviera muy atento y le avisara en cuanto los hombres volvieran a la vista; comentó que tramaban alguna maldad y que no tardarían en regresar. Ojalá hubiera estado fuera de aquel árbol, pero no me atrevía a bajar.