CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The Adventures of Huckleberry FinnPublic
Página 470 de 481
Table of Contents

XLII

eso del alba de esta madrugada; luego unos hombres en una chalupa pasaron, y por buena suerte el negro estaba sentado junto al jergón con la cabeza apoyada en las rodillas profundamente dormido; así que les hice señas en silencio para que se acercaran, y se le tiraron encima sigilosamente y lo agarraron y lo ataron antes de que se diera cuenta de lo que pasaba, y no tuvimos ningún problema. Y como el muchacho estaba también en un sueño medio delirante, amortiguamos los remos y atamos la balsa, y la trajimos remolcada muy bien y en silencio, y el negro no armó el menor escándalo ni dijo una sola palabra desde el principio. No es un mal negro, caballeros; eso es lo que pienso de él.

Alguien dice:

—Bueno, suena muy bien, doctor, se lo tengo que agradecer.

Entonces los demás también se ablandaron un poco, y le estuve muy agradecido a aquel viejo doctor por hacerle ese gran favor a Jim; y además me alegré de que coincidiera con mi opinión sobre él, porque pensé que tenía un buen corazón y que era un buen hombre la primera vez que lo vi. Luego todos concordaron en que Jim se había portado muy bien, y que merecía que se le prestara cierta atención y se le recompensara. Así que cada uno de ellos prometió, de manera franca y sincera, que no volverían a insultarlo nunca más.

Luego salieron y lo encerraron. Yo tenía la esperanza de que dijeran que le podían quitar una o dos cadenas, porque pesaban una barbaridad, o que podría comer carne y verduras con su pan y agua; pero no se les ocurrió, y pensé que no me convenía meterme, aunque calculé que de algún modo le contaría el chisme del doctor a la tía Sally en cuanto hubiera pasado los baches que tenía justo por delante —explicaciones, digo, de cómo me olvidé de mencionar lo de que le habían arreado un tiro a Sid cuando contaba cómo él y yo nos pasamos esa maldita noche dando vueltas en canoa buscando al negro fugitivo.

470