tan ruin, despreciable y mezquino que me dije a mí mismo, ya lo he decidido; les voy a devolver ese dinero o reviento.
Así que entonces me largué—a la cama, dije, queriendo decir tarde o temprano. Cuando me quedé a solas me puse a pensar en el asunto. Me digo a mí mismo, ¿iré a ver a ese médico, en privado, y delataré a estos farsantes? No—eso no sirve. Podría decir quién se lo contó; entonces el rey y el duque me la pondrían difícil. ¿Iré, en privado, a decírselo a Mary Jane? No—no me atrevo. Su cara les daría una pista, seguro; tienen el dinero, y se largarían de inmediato llevándoselo. Si ella fuera a buscar ayuda yo saldría metido en el lío antes de que terminara, me parece. No; no hay más que un buen camino. Tengo que robar ese dinero, como sea; y tengo que robarlo de alguna manera en que no sospechen que fui yo. Tienen un buen negocio aquí, y no se van a ir hasta haberle sacado a esta familia y a este pueblo todo lo que valen, así que encontraré una oportunidad a su debido tiempo. Lo robaré y lo esconderé; y luego, cuando esté bien abajo en el río, escribiré una carta y le diré a Mary Jane dónde está escondido. Pero más vale que lo guarde esta noche si puedo, porque tal vez el médico no se ha rendido tanto como finge que lo ha hecho; aún podría asustarlos y hacerlos huir de aquí.
De modo que, pensé, voy a ir a registrar esas habitaciones. Arriba, el pasillo estaba oscuro, pero encontré el cuarto del duque y empecé a tantear por allí con las manos; mas caí en la cuenta de que no se parecería en nada al rey dejar que otra persona que no fuera él mismo se encargara de ese dinero; así que entonces fui a su cuarto y comencé a tantear por allí. Pero vi que no podía hacer nada sin una vela, y no me atrevía a encender una, por supuesto. Así que juzgué que tendría que hacer lo otro: esperarlos al acecho y espiar. Por entonces oigo que se acercaban sus pasos y me disponía a meterme debajo de la cama; alargué la mano hacia ella, pero no estaba donde creía que estaría; sin embargo, toqué la cortina que ocultaba los vestidos de Mary Jane, así que salté detrás de esta, me acurruqué entre los trajes y me quedé allí completamente quieto.