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nydus/The Adventures of Huckleberry FinnPublic
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XXI

levantando la Biblia al tomar el aire y dejándola caer otra vez al expirar —y después de eso se quedó quieto; estaba muerto. Luego apartaron a su hija de su lado, gritando y llorando, y se la llevaron. Tenía unos dieciséis años, y un aspecto muy dulce y tierno, pero espantosamente pálida y asustada.

Pues al poco rato todo el pueblo estaba allí, retorciéndose y forcejeando y empujando y dando codazos para llegar a la ventana y echar un vistazo, pero la gente que tenía los sitios no quería dejarlos, y los que estaban detrás decían todo el tiempo: «Oigan, ya han mirado bastante, muchachos; no está bien ni es justo que se queden ahí todo el tiempo sin darle oportunidad a nadie más; los demás también tienen sus derechos, igual que ustedes».

Hubo bastante discusión y tira y afloja, así que me fui escurriendo hacia afuera, pensando que tal vez iba a armarse jaleo. Las calles estaban a reventar y todo el mundo andaba alborotado. Todos los que habían presenciado el tiroteo contaban cómo había pasado, y había un gentío amontonado alrededor de cada uno de aquellos tipos, estirando el cuello y escuchando. Un hombre alto y desgarbado, con el pelo largo y un gran sombrero de copa alta de Piel blanca colocado en la nuca, y un bastón de puño curvo, señalaba en el suelo los lugares donde había estado Boggs y donde había estado Sherburn, y la gente lo seguía de un lado para otro mirando todo lo que hacía, y asintiendo con la cabeza para demostrar que lo entendían, y agachándose un poco y apoyando las manos en los muslos para verlo señalar los sitios en el suelo con el bastón; y luego se ponía derecho y tieso donde había estado Sherburn, frunciendo el ceño y con el ala del sombrero bajada sobre los ojos, y vociferaba: «¡Boggs!», y entonces bajaba el bastón despacio hasta ponerlo horizontal, decía «¡Pum!», retrocedía tambaleándose, volvía a decir «¡Pum!» y caía de espaldas estirado en el suelo.

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