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nydus/The Adventures of Huckleberry FinnPublic
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Capítulo XLI

—Oh —dice él.

Pero él puso el pie en la borda y la meció, y meneó la cabeza, y dijo que creía que buscaría otra más grande. Pero estaban todas con candado y cadena; así que cogió mi canoa y me dijo que esperara hasta que volviera, o que podía seguir buscando por ahí, o que tal vez era mejor que me bajara a casa y los fuera preparando para la sorpresa si quería. Pero yo le dije que no; así que le indiqué exactamente cómo encontrar la balsa, y entonces se puso en marcha.

Se me ocurrió una idea muy pronto. Me dije a mí mismo: «¿Y si no puede arreglarle esa pierna en un abrir y cerrar de ojos, como suele decirse? ¿Y si le toma tres o cuatro días? ¿Qué vamos a hacer?, ¿quedarnos por ahí tirados hasta que él suelte la sopa? No, señor; sé lo que haré. Esperaré, y cuando vuelva, si dice que tiene que irse otra vez, bajaré yo también, aunque tenga que nadar; y lo agarraremos y lo ataremos, lo retendremos y nos largaremos río abajo; y cuando Tom haya terminado con él, le daremos lo que valga, o todo lo que tengamos, y luego dejaremos que baje a tierra».

Así que entonces me arrastré hasta un montón de madera para dormir un poco; ¡y la siguiente vez que desperté, el sol ya estaba bien alto sobre mi cabeza!

Salí disparado y fui a casa del médico, pero me dijeron que se había ido en algún momento de la noche y aún no había vuelto.

Bueno, pensé, eso pinta requetemal para Tom, y me voy a largar zumbando para la isla ahora mismo.

Así que tiré millas, doblé la esquina y... ¡por poco me estrello de cabeza contra el estómago del tío Silas!

Él dice:

—¡Vaya, Tom! ¿Dónde te has metido todo este tiempo, pillastre?

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