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nydus/The Adventures of Huckleberry FinnPublic
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XIX

y mi pobre corazón destrozado descansará”. Siguió frotando.

—Déjate de corazones probes y rotos —dice el calvo—; ¿a qué nos tiras tu pobre corazón roto a la cara? Nosotros no hemos hecho nada.

—No, ya sé que no lo han hecho. No les echo la culpa, caballeros. Yo mismo me he arruinado; sí, lo he hecho yo solo. Es justo que sufra, perfectamente justo, no me quejo.

—¿Bajarte de dóndecito? ¿De dónde te bajaron?

“Ah, no me creeríais; el mundo nunca cree⁠—déjalo correr⁠—, no importa. El secreto de mi nacimiento⁠—”

—¡El secreto de tu nacimiento! ¿Querrás decir que—

—Caballeros —dice el joven, muy solemne—, se lo voy a revelar, pues siento que puedo tener confianza en ustedes. ¡Por derecho soy duque!

A Jim se le salieron los ojos de las órbitas al oír aquello; y supongo que a mí también. Luego, el calvo dice:

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