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nydus/The Adventures of Huckleberry FinnPublic
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XVII

respaldo de una silla, y estaba llorando en un pañuelo y tenía un pájaro muerto boca arriba en la otra mano con las patas hacia arriba, y debajo del cuadro decía: «Nunca volveré a oír tu dulce chirrido, ay de mí».

Había uno en el que una señorita estaba junto a una ventana mirando hacia la luna, y le corrían lágrimas por las mejillas; y tenía una carta abierta en una mano con lacre negro visible en uno de los bordes, y se estaba machacando contra la boca un medallón con su cadenita, y debajo del cuadro decía: «¿Y te has ido sí te has ido ay de mí».

Todos estos eran cuadros bonitos, supongo, pero de algún modo no terminaban de convencerme, porque cada vez que estaba un poco bajoneado siempre me daban los patatuses.

Todo el mundo sentía que se hubiera muerto, porque había dejado preparados muchos más de estos cuadros para hacer, y cualquiera podía ver por lo que ya había hecho lo que se habían perdido. Pero yo pensaba que, con el carácter que tenía, se lo estaba pasando mejor en el cementerio.

Estaba trabajando en el que decían que era su cuadro más importante cuando enfermó, y todas las santas noches y todos los santos días suplicaba que la

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