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nydus/The Adventures of Huckleberry FinnPublic
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VIII

cómo tu tártara había venido al pueblo a decir que te habían matado. Estas últimas barquitas iban llenas de señoras y caballeros que cruzaban para ir a ver el sitio. A veces se arrimaban a la orilla y descansaban un rato antes de empezar a cruzar, así que por la plática me enteré de todo lo de la muerte. Me dio mucha pena que te hubieras muerto, Huck, pero ya no me da ninguna.

“Me quedé allí acurrucado debajo de las virutas todo el día. Tenía hambre, pero no tenía miedo; porque sabía que la vieja ama y la viuda iban a irse al campamento religioso justo después de desayunar y estarían fuera todo el día, y ellas saben que me voy con el ganado como a la salida del sol, así que no esperarían verme por la finca, por lo que no me echarían de faltar hasta después del anochecer. Los demás criados no me habrían echado de menos, porque se habrían esfumado a tomar el día libre tan pronto como los viejos se largaran.

“Bien, en cuanto oscureció me fui subiendo por el camino del río, y caminé unas dos millas o más hasta donde no había casas.

Ya me había hecho a la idea de lo que iba a hacer. Verás, si seguía intentando escapar a pie, los perros me seguirían el rastro; si robaba una chalupa para cruzar, echarían de menos esa chalupa, ya ves, y sabrían más o menos dónde atracaría al otro lado, y por dónde retomar mi rastro.

Así que dije, una balsa es lo que ando buscando; esa no deja rastro.

“Veo una luz que viene arrompiendo la punta de aquí a un rato, así que me metí al agua y empujé un tronco delante de mí y nadé más de la mitad de juera a juera del río, y me metí entre los palos de deriva, y tuve la cabeza bien baha, y más que nadaba contra la corriente hasta que pasó la balsa. Luego nadé hasta la popa y me agarré. Se puso nublado y estuvo bien escuro por un ratito. Así que me trepé y me acosté en las tablas. Los hombres estaban todos bien lejos en el medio, adonde estaba el farol.

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