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nydus/The Adventures of Huckleberry FinnPublic
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Capítulo XXVIII

«Está bien», dijeron, y se largaron a esperar a sus tíos para darles el amor y los besos, y transmitirles el recado.

Todo iba bien ahora. Las muchachas no dirían nada porque querían ir a Inglaterra; y al rey y al duque les estorbaba más que Mary Jane estuviera ocupada con la subasta que anduviera al alcance del doctor Robinson.

Me sentía de lo mejor; creía que lo había hecho bastante bien —juzgaba que ni el propio Tom Sawyer lo habría hecho mejor. Claro que él le habría puesto más estilo, pero a mí eso no se me da muy fácil, por no haberme criado para ello.

Bueno, hicieron la subasta en la plaza pública, ya entrada la tarde, y aquello se alargaba, y se alargaba, y el viejo estaba allí presente con su cara más venenosa, arriba al lado del subastador, y soltando alguna cita bíblica de vez en cuando, o algún refrancito meapilas de esos, y el duque andaba por allí poniendo caras de ñoño para mendigar toda la compasión que sabía y pavoneándose en general.

Pero al fin y al cabo la cosa salió adelante, y se vendió todo⁠—todo menos un terrenito viejo y sin importancia en el cementerio. Así que tenían que deshacerse de eso también⁠—nunca he visto a un girafonte como el rey para querer tragárselo todo⁠. Bueno, mientras estaban en eso atracó un barco de vapor, y en cuestión de dos minutos se acerca una muchedumbre dando alaridos, gritos y carcajadas, alborotando y cantando a voz en cuello:

“¡Aquí tiene su línea de la oposición! ¡aquí tiene sus dos juegos de herederos del viejo Peter Wilks⁠—y usted paga su dinero y toma su elección!”

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