El río venía creciendo, y había buena corriente; así que calculé que pa’ las cuatro de la mañana estaría a veinticinco millas río abajo, y entonces me tiraría abajito antes de que aclarara y nadaría a la orilla, y agarraría monte por el lao de Illinois.
—Pero no tuve ninguna suerte. Cuando ya casi llegábamos a la punta de la isla, un hombre empezó a venir hacia la popa con el farol, vi que no servía de nada esperar, así que me deslicé por la borda y nadé hacia la isla.
Pues bien, se me figuraba que podía desembarcar en casi cualquier parte, pero no pude; la orilla estaba muy empinada. Estaba casi al pie de la isla antes de encontrar un buen lugar.
Me metí en el bosque y juzgué que no volvería a enredarme con balsas, ya que andaban moviendo el farol de ese modo. Tenía mi pipa, un trozo de tabaco negro y unos fósforos en la gorra, y no se habían mojado, así que estaba bien.
—¿Y de modo que no ha probau carne ni pan en todo este tiempo? ¿Por qué no pescó tortugas de fango?
“¿Cómo le va a hacer uno pa' cogerlos? No se les puede llegar a hurtadillas y agarrarlos; ¿y cómo le va a hacer uno pa' pegarles con una piedra? ¿Cómo iba a hacerlo uno en la noche? Y yo no pensaba mostrarme en la orilla a pleno día”.
“Pues así es. Claro que has tenido que quedarte en el bosque todo el tiempo. ¿Oíste disparar el cañón?”
“Ah, sí. Ya sabía yo que venían a por usted. Los vi pasar por aquí... los estuve mirando a través de los arbustos”.
Vienen unos pájaros jóvenes volando a un metro o dos de distancia cada vez y posándose. Jim dijo que era señal de que iba a llover. Dijo que era