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nydus/The Adventures of Huckleberry FinnPublic
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XIX

Apenas oscureció afuera nos pusimos en marcha; cuando la sacamos como hasta la mitad del río la dejamos en paz, y dejamos que flotara hacia donde quisiera la corriente; luego encendimos las pipas, y colgamos las piernas en el agua, y hablamos de toda clase de cosas⁠—estábamos siempre desnudos, de día y de noche, cuando los mosquitos nos lo permitían⁠—, la ropa nueva que la gente de Buck me había hecho era demasiado buena para resultar cómoda, y además a mí la ropa nunca me gustó mucho, de todos modos.

A veces nos quedábamos con todo aquel río para nosotros solos durante muchísimo tiempo. Allá lejos estaban las orillas y las islas, al otro lado del agua; y tal vez una chispa —que era una vela en la ventana de una choza—, y a veces en el agua se podía ver una chispa o dos —en una balsa o en un gánguil, ya sabes—, y tal vez se podía oír un violín o una canción que llegaba desde una de aquellas embarcaciones. Es encantador vivir en una balsa. Teníamos el cielo allá arriba, todo salpicado de estrellas, y solíamos tumbarnos de espaldas y mirarlas, y discutir sobre si habían sido hechas o simplemente habían sucedido. Jim sostenía que habían sido hechas, pero yo sostenía que habían sucedido; a mi parecer, habría llevado demasiado hacer tantas. Jim dijo que la luna podría haberlas puesto; bueno, eso parecía más o menos razonable, así que no dije nada en contra, porque yo he visto a una rana poner casi otras tantas, así que por supuesto se podía hacer. También solíamos mirar las estrellas fugaces y ver cómo se deslizaban en raya. Jim sostenía que se habían estropeado y las habían tirado del nido.

Una o dos veces por noche veíamos un vapor deslizándose en la oscuridad, y de vez en cuando arrojaba todo un mundo de chispas por las chimeneas, las cuales llovían sobre el río y se veían preciosas; luego doblaba una esquina y sus luces se apagaban en un parpadeo y su estruendo cesaba y dejaba el río en silencio otra vez; y al rato nos llegaban sus olas, mucho tiempo después de haberse ido, y sacudían un poco la balsa, y después de eso no se oía nada durante no sabías cuánto tiempo, excepto tal vez ranas o alguna otra cosa.

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