que el bosque de Birnam venga a Dunsinane, de no ser porque el temor a algo después de la muerte asesina el sueño inocente, el segundo plato de la gran naturaleza, y hace que prefiramos arrojar los dardos de la fortuna indigna antes que volar hacia otros que no conocemos? He ahí la consideración que debe hacernos dudar: ¡Despierta a Duncan con tus golpes! Ojalá pudieras; pues ¿quién soportaría los azotes y los denuestos del tiempo, la injuria del opresor, la contumelia del hombre soberbio, la tardanza de la ley y el finiquito que sus dolores podrían tomar? En el yermo silencio y la mitad de la noche, cuando los cementerios bostezan con sus consabidos trajes de solemne negro, de no ser porque el país inexplorado de cuyos confines ningún viajero regresa, exhala contagio sobre el mundo, y así el matiz nativo de la resolución, como el pobre gato del refrán, se desvanece enfermizo por la zozobra. Y todas las nubes que se ciernen sobre nuestros tejados, con esta consideración desvían sus corrientes, y pierden el nombre de acción. Es una consumación devotamente deseada. Mas silencio, la bella Ofelia: No abras tus pesadas y de mármol fauces. ¡Mas vete a un convento—anda!
Pues al viejo le gustó aquel discurso, y muy pronto logró aprenderlo a la perfección. Parecía como si hubiera nacido para eso; y cuando le cogía el tranquillo y se emocionaba, era una verdadera preciosidad ver cómo se desgañitaba, bramaba y se ponía hecho una fiera mientras lo recitaba.