—¡Válgame el cielo, duque, déjeme que lo abraze! Es la idea más deslumbrante que se le ha ocurrido jamás a un hombre. Tiene usted sin duda la cabeza más asombrosa que he visto en mi vida. Ay, esta es la jugada maestra, no hay la menor duda al respecto. Que traigan sus sospechas ahora si quieren; esto los va a dejar planchados.
Cuando subimos todos se amontonaron alrededor de la mesa, y el rey lo contó y lo apiló, tres dólares en cada montón—veinte montoncitos elegantes. Todos lo miraban con hambre y se lambían los bigotes. Luego volvieron a meterlo todo en la bolsa, y vi que el rey empezaba a inflarse para otro discurso. Dice:
“Amigos todos, mi pobre hermano que yace ahí ha sido generoso con los que se quedan atrás en el valle de las lágrimas. Ha sido generoso con estos pobrecitos corderos que amaba y cobijaba, y que se han quedado sin padre y sin madre. Sí, y los que lo conocíamos sabemos que habría sido más generoso con ellos si no hubiera tenido miedo de herir a