“No sé; al menos, como que se me olvida; pero me parece que es—”
—¡Válgame el cielo, espero que no sea Hanner!
—Siento mucho decirlo —digo—, pero Hanner es la misma indicada.
—¡Madre mía, y tan bien que estaba la semana pasada! ¿Se ha puesto muy mal?
—No tiene nombre lo que es. Se pasaron toda la noche velándola, dijo la señorita Mary Jane, y creen que no durará muchas horas.
—¡Figuráte nada más! ¿Qué le pasa?
No se me ocurrió nada razonable, de buenas a primeras, así que le dije:
“Paperas.”
—¡Las paperas de tu abuela! No se quedan cuidando a gente que tiene paperas.
—¿Que no? ¡Ya lo creo que sí con estas paperas! Estas paperas son distintas. Son de un tipo nuevo, dijo la señorita Mary Jane.
“¿Cómo que es de un tipo nuevo?”
“Porque está mezclado con otras cosas”.
“¿Qué otras cosas?”
—Pues sarampión, y tos ferina, y erisipela, y tisis, y ictericia, y fiebre cerebral, y no sé cuánto más.
“¡Tierra mía! ¿Y a esto lo llaman paperas?”
“Eso fue lo que dijo la señorita Mary Jane”.
—Bueno, ¿por qué demonios le llaman paperas?