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nydus/The Adventures of Huckleberry FinnPublic
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VIII

ancho en ese lugar, y siempre se ve bonito en una mañana de verano, así que me lo estaba pasando bastante bien viendo cómo buscaban mis restos, con tal de haberme llevado algo a la boca. Bueno, entonces se me ocurrió pensar en cómo siempre le meten azogue a las hogazas de pan y las dejan flotando, porque siempre van derechitas al cadáver ahogado y se paran allí. Así que, me dije, estaré atento, y si anda flotando por ahí alguna hogaza buscándome, le daré una oportunidad. Me pasé a la orilla de Illinois de la isla para ver qué suerte corría, y no me descepcioné. Vino flotando una hogaza doble bien grande y casi la alcanzo con una vara larga, pero se me resbaló el pie y se alejó más. Por supuesto, yo estaba donde la corriente arrimaba más a la orilla; de eso sí sabía yo lo suficiente. Pero al rato viene pasando otra, y esta vez gané. Le saqué el tapón y sacudí el poquito de azogue, y le hinqué el diente. Era «pan de panadería», de lo que come la gente fina; nada de sus tortillas de maíz de baja categoría.

Encontré un buen escondite entre las hojas, me senté allí en un tronco, masticando el pan y mirando el transbordador, de lo más satisfecho.

Y entonces caí en la cuenta de algo. Me dije: ahora resulta que la viuda o el reverendo o alguien rezó para que este pan me encontrara, y míralo, ya ves que lo hizo. Así que no hay duda de que hay algo en eso de la oración —es decir, que hay algo en eso cuando una persona como la viuda o el reverendo rezan, pero a mí no me funciona, y supongo que no le funciona más que a la clase de gente apropiada.

Encendí una pipa, me fumé un buen rato con calma y seguí observando. El transbordador venía flotando con la corriente, y pensé que tendría la oportunidad de ver quién iba a bordo cuando pasara, porque arrimaría bien a la orilla, que era por donde andaba el pan.

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