Bueno, después de cenar el viernes estábamos tirados en la hierba, en el extremo superior de la cresta, y nos quedamos sin tabaco. Fui a la caverna a buscar un poco y encontré una serpiente de cascabel allí. La maté y la enrollé a los pies de la manta de Jim, de lo más natural, pensando que habría algo de diversión cuando Jim la encontrara allí. Bueno, para cuando cayó la noche me había olvidado por completo de la serpiente, y cuando Jim se tiró de golpe sobre la manta mientras yo encendía una luz, la pareja de la serpiente estaba allí y lo mordió.
Se levantó de un salto gritando, y lo primero que reveló la luz fue a la alimaña acurrucada y lista para dar otro salto. Lo dejé seco en un segundo con un palo, y Jim agarró la garrafa de whisky de papá y empezó a echárselo garganta abajo.
Iba descalzo, y la serpiente le mordió justo en el talón. Todo eso pasa por ser tan idiota de no acordarme de que dondequiera que dejas una serpiente muerta, su pareja siempre viene y se acuesta enroscada a su alrededor.
Jim me dijo que le cortara la cabeza a la serpiente y la tirara, y que luego le quitara el cuero al cuerpo y asara un trozo. Lo hice, y él se lo comió y dijo que eso ayudaría a curarlo. También hizo que le quitara los cascabeles y se los atara a la muñeca. Dijo que eso ayudaría.
Luego me escurrí en silencio y tiré las serpientes bien lejos, entre los arbustos; porque no iba a dejar que Jim descubriera que todo era culpa mía, al menos si podía evitarlo.
Jim le dio y le dio tragos al jarro, y de cuando en cuando se le iba la cabeza, daba sacudidas y gritaba; pero cada vez que volvía en sí, volvía a darle tragos al jarro. Se le hinchó bastante el pie, y también la pierna; pero al poco rato empezó a hacerle efecto la borrachera, así que juzgué que estaba bien;