CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The Adventures of Huckleberry FinnPublic
Página 57 de 481
Table of Contents

VIII

Cuando ya se hubo acercado bastante hacia donde yo estaba, apagué la pipa y fui hasta donde había sacado el pan, y me tendí en un pequeño claro de la orilla, detrás de un tronco. Por la horqueta del tronco podía mirar a través.

Al rato ella se arrimó, y se acercó tanto a la orilla que bien habrían podido sacar una tabla y caminar hasta tierra firme. Casi todo el mundo estaba en el barco. Papá, y el juez Thatcher, y Bessie Thatcher, y Jo Harper, y Tom Sawyer, y su vieja tía Polly, y Sid y Mary, y muchos más. Todo el mundo hablaba del asesinato, pero el capitán intervino y dijo:

—Abran bien los ojos ahora; la corriente es más fuerte aquí cerca, y tal vez haya sido arrojado a la orilla y se haya enredado entre la maleza al borde del agua. Eso espero, al menos.

No lo esperaba. Todos se amontonaron y se recostaron sobre las barandillas, casi en mi cara, y se quedaron quietos, mirando con todas sus fuerzas. Yo podía verlos de primera, pero ellos no podían verme a mí. Entonces el capitán cantó:

—¡Apártense! —y el cañón soltó un estampido tan justo frente a mí que me dejó sordo con el ruido y poco menos que ciego con el humo, y creí que ya había colgado los tenis. Si le hubieran metido unas cuantas balas, me figuro que habrían conseguido el cadáver que andaban buscando. Bueno, vi que no estaba herido, gracias a Dios. El bote siguió flotando y se perdió de vista al doblar la punta de la isla. Podía oír los cañonazos de vez en cuando, cada vez más lejos, y al rato, pasada una hora, ya no los oí más. La isla tenía tres millas de largo. Calculé que habrían llegado al extremo y se estarían dando por vencidos. Pero todavía no por un rato. Dieron la vuelta por la punta de la isla y enfilaron canal arriba por el lado de Misuri, a todo vapor, y pegando algún que otro cañonazo a medida que avanzaban.

57