CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The Adventures of Huckleberry FinnPublic
Página 261 de 481
Table of Contents

Capítulo XX

y dijo que ahora ya estaba listo. Así que el rey y yo nos largamos pitando al mitin campestre.

Llegamos allí en cosa de media hora chorreando, pues hacía un día de lo más caluroso.

Habría por lo menos mil personas de un radio de veinte millas. El bosque estaba lleno de carros y carretas, atados por todas partes, comiendo de los artesones de los carros y dando patadas para espantar las moscas.

Había tinglados hechos con palos y techados con ramas, donde vendían limonada y pan de jengibre, y montones de sandías, maíz tierno y mercancías por el estilo.

Los sermones se daban bajo el mismo tipo de enramadas, solo que eran más grandes y cabían montones de personas. Los bancos estaban hechos con costeros de troncos, con agujeros taladrados en el lado redondo para meterles palos que hacían de patas. No tenían respaldo.

Los predicadores tenían tarimas altas para pararse en un extremo de las enramadas.

Las mujeres llevaban sombreros de sol; y algunas traían vestidos de estameña, otras de guingán, y unas pocas de las jóvenes llevaban de percal.

Algunos de los jóvenes iban descalzos, y algunos de los niños no llevaban más ropa que una camisa de estopa de lino.

Algunas de las viejas estaban mendingando, y algunos de los jóvenes coqueteaban a escondidas.

El primer cobertizo al que llegamos, el predicador estaba entonando un himno verso por verso. Cantaba dos versos, todos los demás lo cantaban, y era algo grandioso de escuchar, con tanta gente y haciéndolo de un

261