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nydus/The Adventures of Huckleberry FinnPublic
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XVIII. El coronel Grangerford

—Está bien; eso es requetebién; no me encontrarán, y creerán que me han matado y que he bajado flotando por el río —hay algo por ahí arriba que les ayudará a pensarlo—, así que no pierdas ni un minuto, Jim, y lánzate a la corriente grande tan rápido como puedas.

Nunca me sentí tranquilo hasta que la balsa estuvo a dos millas río abajo y en pleno Mississippi. Entonces colgamos nuestro farol de señales y creímos que ya estábamos libres y a salvo una vez más. Yo no había probado bocado desde el día anterior, así que Jim sacó unos bollos de maíz, suero de mantequilla, cerdo, col y berzas —no hay nada en el mundo tan bueno cuando está bien cocinado— y, mientras yo cenaba, charlamos y lo pasamos muy bien. Yo estaba enormemente contento de alejarme de las enemistades, y Jim también de salir del pantano. Decíamos que no había hogar como una balsa, después de todo. Los otros sitios parecen tan estrechos y sofocantes, pero una balsa no. En una balsa uno se siente de lo más libre, a sus anchas y cómodo.

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