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nydus/The Adventures of Huckleberry FinnPublic
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Capítulo XXXVII

paz, y que si volvíamos a molestarla por allí entretanto y la hora de comer, nos descueraria. Así que nos quedamos con la cuchara de más, y se la metimos en el bolsillo del delantal mientras nos estaba cantando las cuarenta, y Jim la recuperó sin problema, junto con su clavo de tejado, antes del mediodía. Quedamos muy satisfechos con este asunto, y Tom opinaba que valía el doble del trabajo que había costado, porque decía que ahora ya no podría volver a contar las cucharas dos veces seguidas de la misma manera ni aunque le fuera la vida en ello; y que aunque lo hiciera, no se creería que las había contado bien; y dijo que, después de haberse devanado los sesos contando durante los próximos tres días, calculaba que se daría por vencida y se ofrecería a matar a cualquiera que quisiera hacerla contar aquello otra vez.

Así que esa noche volvimos a colgar la sábana en el cordel, y le robamos una del armario; y seguimos colgándola y robándola otra vez durante un par de días hasta que ella ya no supo cuántas sábanas tenía, y ya no le importaba, y no iba a seguir amargándose lo que le quedaba de alma por eso, y no las volvería a contar ni aunque le fuera la vida en ello; prefería morir antes.

Así que ya estábamos bien de todo, en cuanto a la camisa y la sábana y la cuchara y las velas, con la ayuda del ternero y las ratas y la cuenta embrollada; y en cuanto al candelero, no tenía importancia, ya pasaría con el tiempo.

Pero aquel pastel fue un trabajo; tuvimos un sinfín de problemas con ese pastel. Lo armamos bien adentro del bosque, y lo cocinamos allí; y por fin lo terminamos, y quedó muy bien, además; pero no todo en un solo día; y tuvimos que gastar treslebrillos de harina antes de terminar, y terminamos quemados casi por completo, por partes, y con los ojos medio ciegos por el humo; porque, ya ven, no queríamos otra cosa que

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