CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The Adventures of Huckleberry FinnPublic
Página 380 de 481
Table of Contents

Capítulo XXXII

Una mujer negra salió hecha una furia de la cocina con un rodillo de amasar en la mano, gritando: «¡Fuera tú, Tige! ¡Tú, Spot! ¡Fuera, señor!», y les arreó un trastazo a uno y luego a otro, haciéndolos aullar, tras lo cual huyeron los demás; pero al segundo siguiente la mitad de ellos volvió, meneándome la cola y haciéndose amigos míos. Un sabueso no le hace daño a nadie, de ningún modo.

Y detrás de la mujer viene una negrita y dos negritos sin nada más que camisas de estopa de lino, y se agarraban del vestido de su madre y se asomaban desde atrás de ella para mirarme, tímidos, de la manera que siempre lo hacen.

Y aquí viene la mujer blanca corriendo desde la casa, de unos cuarenta y cinco o cincuenta años, con la cabeza descubierta y su huso en la mano; y detrás de ella vienen sus hijitos blancos, actuando de la misma manera en que lo hacían los negritos. Estaba sonriendo de oreja a oreja, casi sin poderse tener en pie, y dice:

—¡Eres tú, al fin!⁠— ¿no?

Se me escapó un «Señora» antes de pensarlo.

Me agarró y me abrazó fuerte; y luego me agarró de las dos manos y me sacudió y sacudió; y las lágrimas se le vinieron a los ojos y le rodaron por la cara; y parecía que no podía abrazarme y sacudirme lo suficiente, y seguía diciendo: «No te pareces tanto a tu madre como creía que te parecerías; pero, ¡viva la Virgen!, eso no me importa, ¡qué alegría me da verte! ¡Ay, Dios mío, dan ganas de comerte a besos! ¡Niños, es vuestro primo Tom!; saludadlo».

Pero agacharon la cabeza, se metieron los dedos en la boca y se escondieron detrás de ella. Así que ella siguió corriendo:

—Lize, date prisa y sírvele un desayuno caliente ahora mismo, ¿o es que tomaste el desayuno en el barco?

380