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nydus/The Adventures of Tom SawyerPublic
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XII. El gato y el analgésico

El gato y el analgésico

Una de las razones por las cuales la mente de Tom se había alejado de sus secretos pesares era que había encontrado un nuevo y grave asunto en el cual interesarse.

Becky Thatcher había dejado de ir a la escuela.

Tom había luchado contra su orgullo durante unos días e intentado «echarla al olvido», pero fracasó. Empezó a verse rondando la casa del padre de ella por las noches, sintiéndose muy desdichado.

Estaba enferma. ¡Y si se moría! Había desesperación en ese pensamiento. Ya no se interesaba por la guerra, ni siquiera por la piratería. El encanto de la vida se había desvanecido; no quedaba más que desolación. Guardó su aro y su bate; ya no había alegría en ellos.

Su tía estaba preocupada. Empezó a probar con él toda clase de remedios.

Era de esas personas que están encaprichadas con las medicinas patentadas y con todo método novedoso para producir salud o repararla. Era una experimentadora empedernida en estas lides.

Cuando salía algo nuevo en este ramo, le entraba enseguida la fiebre por probarlo; no en sí misma, pues nunca enfermaba, sino en cualquier otra persona que tuviera a mano.

Estaba suscrita a todas las revistas de «salud» y a los fraudes frenológicos; y la solemne ignorancia de la que venían infladas era el aire que respiraba.

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