digo: ‘Yo solía arreglarles las cometas y esas cosas a todos los muchachos, y les enseñaba dónde estaban los buenos sitios para pescar, y los ayudaba en lo que podía, y ahora todos se han olvidado del viejo Muff cuando está en problemas; pero Tom no, y Huck no; ellos no lo olvidan’, me digo, ‘y yo no los olvido a ellos’. Pues bien, muchachos, cometí una cosa terrible —borracho y loco en ese momento; es la única manera en que me lo explico— y ahora tengo que pagar en la horca, y está bien. Bien, y lo mejor también, supongo; eso espero, de cualquier modo. Bueno, no hablemos de eso. No quiero hacerlos sentir mal; ustedes me han ayudado. Pero lo que quiero decir es que nunca se embriaguen; así no llegarán nunca a este lugar. Párense un poco más hacia el oeste—así—eso es; es un consuelo de primera ver rostros amigos cuando uno está en semejante mar de problemas, y por aquí no viene nadie más que ustedes. Buenos rostros amigos—buenos rostros amigos. súbanse el uno a la espalda del otro y déjenme tocarlos. Eso es. Estrechen las manos—las de ustedes caben por los barrotes, pero las mías son demasiado grandes. Manos pequeñas y débiles—pero han ayudado un montón a Muff Potter, y lo ayudarían más si pudieran”.
Tom se fue a casa sintiéndose desgraciado, y sus sueños de aquella noche estuvieron llenos de horrores. Al día siguiente y al otro, rondó el juzgado, atraído por un impulso casi irresistible de entrar, pero obligándose a quedarse fuera. Huck estaba pasando por la misma experiencia. Se evitaban mutuamente con empeño. Cada uno vagaba por ahí de vez en cuando, pero la misma lúgubre fascinación siempre los traía de vuelta al poco rato. Tom mantenía los oídos abiertos cuando los holgazanes salían perezosamente del juzgado, pero invariablemente escuchaba noticias