Tom entró, luchando con el peso de sus sacos, y la tía Polly no terminó su frase. Tom vació la masa de monedas amarillas sobre la mesa y dijo:
«Ahí lo tienes, ¿qué te dije? ¡La mitad es de Huck y la mitad es mía!»
El espectáculo cortó la respiración de todos. Nadie habló, todos miraron durante un momento. Luego hubo un clamor unánime pidiendo una explicación. Tom dijo que podía darla, y así lo hizo. El relato fue largo, pero rebosante de interés. Apenas hubo una sola interrupción por parte de nadie que rompiera el encanto de su fluir. Cuando hubo terminado, el señor Jones dijo:
“Creía que había preparado una pequeña sorpresa para esta ocasión, pero ya no sirve para nada. Esta la hace quedar bien chiquita, eso sí se lo reconozco”.
El dinero fue contado. La suma ascendía a poco más de doce mil dólares. Era más de lo que cualquiera de los presentes había visto junta en su vida, a pesar de que allí había varias personas que valían bastante más que eso en propiedades.