Tom la besó, con una sensación de ahogo en la garganta, y fingió estar seguro de encontrar a los rescatadores o una salida de la cueva; luego tomó el cordón de la cometa en la mano y se fue adentrando a gatas por uno de los pasadizos, consumido por el hambre y enfermo por los presentimientos de una perdición inminente.
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XXXI. Hallado y vuelto a perder
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