Huck no los acompañó más allá. Se ocultó tras un gran peñasco y se puso a escuchar. Hubo un silencio denso y ansioso, y de repente se oyó una detonación de armas de fuego y un grito.
Huck no esperó a saber los detalles. Salió saltando y bajó la colina a toda la velocidad que le permitían las piernas.