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nydus/The Adventures of Tom SawyerPublic
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XXVIII. En la guarida del indio Joe

Tom cogió su linterna, la encendió dentro del barril, la envolvió cuidadosamente con la toalla y los dos aventureros se deslizaron en la penumbra hacia la taberna. Huck se quedó de centinela y Tom avanzó a tanteo por el callejón.

Luego sobrevino un periodo de espera y ansiedad que pesaba sobre el ánimo de Huck como una montaña. Empezó a desear poder ver un destello de la linterna; le daría miedo, pero al menos le indicaría que Tom seguía con vida.

Parecían haber pasado horas desde que Tom había desaparecido. Sin duda se había desmayado; tal vez estaba muerto; quizás su corazón le había estallado a causa del terror y la emoción. En su inquietud, Huck se descubrió a sí mismo acercándose cada vez más al callejón, temiendo toda clase de cosas espantosas y esperando de un momento a otro que ocurriera alguna catástrofe que le dejara sin aliento.

No le quedaba mucho aliento que perder, pues parecía ser capaz de inhalarlo tan solo a dedales, y su corazón no tardaría en agotarse de tanto latir. De repente hubo un destello de luz y Tom pasó corriendo a toda velocidad a su lado:

—¡Corre! —dijo—; ¡corre por tu vida!

No hacía falta que lo repitiera; con una vez bastaba; Huck ya iba a treinta o cuarenta millas por hora antes de que se dijera la repetición. Los muchachos no pararon hasta llegar al cobertizo de un matadero abandonado en el extremo inferior del pueblo. Apenas se guarecieron bajo su techo, estalló la tormenta y la lluvia cayó a cántaros. Tan pronto como Tom recuperó el aliento, dijo:

—¡Huck, fue horrible! Probé dos de las llaves, con todo el cuidado posible; pero parecía que hacían un escándalo tal que apenas podía respirar de lo asustado que estaba. Tampoco querían girar en la

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