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nydus/The Adventures of Tom SawyerPublic
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XXII. Huck Finn cita las Escrituras

Se cubrió la cabeza con las sábanas y esperó con horror y suspense su perdición; pues no cabía la menor duda de que todo aquel alboroto era por su culpa. Creía haber puesto a prueba la paciencia de los poderes superiores hasta el límite de la resistencia y que aquello era el resultado. Le habría podido parecer un desperdicio de pompa y munición matar un bicho con una batería de artillería, pero no le parecía nada incongruente armar una tormenta tan costosa como aquella para quitarle el suelo bajo los pies a un insecto como él.

Al cabo, la tempestad se consumió y se extinguió sin lograr su objetivo. El primer impulso del muchacho fue sentirse agradecido y enmendarse. El segundo, esperar, pues tal vez no hubiera más tormentas.

Al día siguiente los doctores volvieron; Tom había tenido una recaída. Las tres semanas que pasó postrado esta vez parecieron una eternidad. Cuando por fin pudo salir a la calle, apenas se sintió agradecido por haberse salvado, al recordar cuán solitario era su estado, cuán desamparado y desolado se encontraba. Vagó sin rumbo por la calle y encontró a Jim Hollis actuando como juez en un tribunal de menores que juzgaba a un gato por asesinato, en presencia de su víctima, un pájaro. Encontró a Joe Harper y a Huck Finn en un callejón comiéndose un melón robado. ¡Pobres muchachos!; ellos⁠—al igual que Tom⁠—habían sufrido una recaída.

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