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nydus/The Adventures of Tom SawyerPublic
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XXXV. El respetable Huck se une a la banda

Me hace levantarme exactamente a la misma hora todas las mañanas; me hace lavar, me peinan de lo lindo; no me deja dormir en el cobertizo de la leña; tengo que ponerme esa maldita ropa que simplemente me ahoga, Tom; parece que no le entra nada de aire de ningún modo, y es tan condenadamente fina que no me puedo sentar, ni acostar, ni dar vueltas por ninguna parte; no me he tirado por la puerta de ningún sótano en... bueno, ¡parece que hace años!; tengo que ir a la iglesia y sudar y sudar... ¡odio esos sermones de porquería! Ahí dentro no puedo cazar una mosca, no puedo mascar tabaco. Tengo que usar zapatos todo el domingo. La viuda come guiada por una campana; se va a la cama guiada por una campana; se levanta guiada por una campana... todo es tan horrorosamente regular que uno no lo puede soportar.

—Bueno, todo el mundo lo hace así, Huck.

“Tom, no da lo mismo. Yo no soy todo el mundo, y no lo aguanto. Es horrible estar atado de este modo. Y la comida llega muy fácil; así no me interesan las viandas. Tengo que pedir permiso para ir a pescar; tengo que pedir permiso para ir a nadar; ¡maldita sea si no tengo que pedir permiso para todo! Pues ¡tenía que hablar tan bonito que no era ningún consuelo!; tenía que subir al desván a echar reniegos un rato, todos los días, para recobrar el gusto en la boca, o me habría muerto, Tom. La viuda no me dejaba fumar; no me dejaba gritar, no me dejaba bostezar, ni estirarme, ni rascarme delante de la gente...” > [Luego, con un espasmo de especial irritación y agravio]: ¡Y que me parta un rayo, se pasaba el día rezando! ¡Jamás he visto a una mujer así! Tuve que huir, Tom; sencillamente tuve que hacerlo. Y además, esa escuela va a abrir, y habría tenido que ir... bueno, yo no iba a aguantar eso, Tom. Mira una cosa, Tom, ser rico no es tan gran

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