total de inversiones británicas en el extranjero a finales del siglo XIX no puede fijarse en una cifra inferior a los 2.000.000.000 de libras. > Teniendo en cuenta que Sir R. Giffen consideraba «moderada» la estimación de 1.700.000.000 de libras en 1892, la cifra aquí mencionada se encuentra probablemente por debajo de la
Ahora bien, sin depositar una confianza indebida en estas estimaciones, no podemos dejar de reconocer que, al tratar estas inversiones extranjeras, nos enfrentamos con mucho al factor más importante en la economía del Imperialismo.
Cualesquiera que sean las cifras que tomemos, dos hechos son evidentes.
- Primero, que los ingresos derivados en concepto de intereses de las inversiones extranjeras superan enormemente a los derivados como beneficios del comercio ordinario de exportación e importación.
- Segundo, que mientras nuestro comercio exterior y colonial, y presumiblemente los ingresos derivados de él, crecen con lentitud, la proporción de los valores de nuestras importaciones que representa los ingresos procedentes de inversiones extranjeras está creciendo con mucha rapidez.
En un capítulo anterior señalé qué pequeña proporción de nuestra renta nacional parecía derivarse como beneficios del comercio exterior. Parecía incomprensible que los enormes costes y riesgos del nuevo imperialismo se asumieran por unos resultados tan escasos en forma de incremento del comercio exterior, especialmente si se tomaban en consideración el tamaño y la índole de los nuevos mercados adquiridos. Las estadísticas de las inversiones extranjeras, sin embargo, arrojan una luz diáfana sobre las fuerzas económicas que dominan nuestra política.