cuando afirma: «No hay un solo rincón en Asia donde la vida de un hombre blanco, si no está protegida por la fuerza, ya sea real o potencial, esté segura ni por una hora; ni tampoco hay un solo Estado asiático que, de ser prudente, no lo expulsaría de inmediato y para siempre» [12]. Según este punto de vista, no existen raíces psíquicas en la civilización que estamos imponiendo a la India: es una estructura superficial mantenida por la fuerza, y no injertada en la verdadera vida de la nación de modo que modifique y eduque el alma del pueblo. El señor Townsend se ve arrastrado, con evidente y profunda reticencia, a la conclusión de que «el Imperio flota en el aire, sostenido únicamente por la diminuta guarnición blanca y la no demostrada suposición de que el pueblo de la India desea que siga existiendo» [13]. En efecto, el profesor Seeley señaló, y es algo generalmente admitido, que nuestro Imperio en la India solo ha sido posible debido a las profundas brechas de raza, idioma, religión e intereses existentes entre las poblaciones indias, ante todo y sobre todo la división entre mahometanos e hindúes.
Pero puede sostenerse razonablemente que el establecimiento violento de nuestro dominio y la lentitud y reticencia de los naturales para apreciar sus beneficios no son prueba de que este no sea beneficioso o de que, con el tiempo, no podamos infundir los mejores principios de la civilización occidental en su vida.
¿Estamos haciendo esto? ¿Es la naturaleza de nuestra ocupación tal que nos permita hacerlo?
Aparte del ejército, que es el aspecto del Imperio más evidente, hay una población británica de unos 135.000 habitantes, menos de 1 por cada 2000 de los nativos, que no viven ni la vida normal de su propio país ni la del país extranjero que ocupan, y que no son en ningún sentido unidades representativas de la civilización británica, sino plantas exóticas obligadas a llevar una vida sumamente artificial e incapaces de criar familias británicas o de crear una sociedad británica de tal índole que encarne e ilustre los contenidos más valiosos de nuestra civilización.